A falta de 3 fechas para el final del torneo, Argentinos Juniors ya se consagró campeón de la B Nacional. No es sorpresa que el equipo dirigido por Gabriel Heinze haya logrado el ascenso con esa antelación, puesto que la convicción en la idea de juego y la superioridad mostrada en cada partido ante sus rivales hicieron que le sacara más de diez puntos de diferencia a su escolta.

La principal arma del equipo de La Paternal durante esta temporada fue la pelota. Por más que parezca insólita esta aclaración, a veces no está de más. Heinze hizo que sus jugadores la quieran y la traten bien. Los posicionó, les enseñó cómo jugar, cómo defender y por dónde atacar. Desde el arquero hasta el delantero. Porque todos atacan y todos defienden en su equipo.

Esteban Rolón es uno de los pilares del equipo. Desde que el arquero Federico Lanzillota da el primer pase para iniciar la jugada, el pivote ya es una opción de pase. El chico de Posadas, con sólo 21 años, le quitó el puesto a un histórico como Gastón Machín a base de fútbol. Distribuye, encuentra el pase interior, rompe líneas defensivas y cambia el rumbo y la velocidad cuando el partido lo amerita. Más de una vez lo hemos visto señalándole a sus compañeros donde jugar la pelota, es el conductor de la orquesta desde adentro. En el método de juego del Gringo Heinze, Rolón es fundamental. Su lectura del juego lo ayuda también en la parte defensiva: sabe cuándo cubrir los huecos o presionar la pelota y se retrasa cuando los centrales se lanzan en ataque para no descompensar la defensa.

Durante la construcción del juego y el intento de desarmar posicionalmente al equipo rival, Lanzillota cumple otra tarea rotunda en el bicho. Depende del rival y su planteo de partido, el arquero juega corto o largo. Y ahí es donde la técnica hace la diferencia. El de Villa Luzuriaga cuenta con una gran facilidad para saltear líneas y romper la presión rival buscando a los laterales o a los volantes. Además de poder actuar de líbero, como en el partido contra Instituto cuando Argentinos se quedó con un jugador menos. Hay encuentros en que usa más los pies que las manos.

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Heinze logró en su equipo con un 4-3-3 la amplitud del campo con los laterales y los extremos. Los primeros, Sandoval y Benítez, parece que tienen un permiso exclusivo para pisar el área rival. Ambos llegan al fondo de la cancha constantemente y hasta con posibilidad de marcar gol. Y si no son ellos, son Cabrera y Romero, los extremos. Gracias a los 4, Colman y Barboza, los interiores, tienen espacios liberados para jugar por dentro y distribuir el balón junto a Rolón.

Sin embargo, si el mediocampo está poblado y los interiores no tienen lugar para jugar, los defensores centrales, Nicolás Freire y Miguel Torrén, son los encargados de jugar la pelota cruzada a los extremos. Los defensas buscan la espalda de los rivales para forzar el duelo individual con la velocidad y habilidad de los wings y laterales. Un mano a mano donde Argentinos tiene la de ganar.

En una sola temporada, Gabriel Heinze picó al bicho con el veneno del futbol. El club descendió y volvió, tan rápido como el DT insertó su juego en el equipo de La Paternal, que para estar en la Superliga le sobra juego.

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