Cada tanto el destino busca la manera de llegar a su prometido a pesar de que haya ciertos imponderables que traten de impedirlo. Es muy normal que en el fútbol el resultado no sea el más esperado, lógico o merecido. Lo cierto es que los goles se hacen y sin eficacia estás afuera. Pero a veces la justicia divina rompe con el esquema y le da el premio al que debería. River encontró en los últimos diez minutos en Brasil lo que no había podido en los anteriores 170, dos goles que le dieran una nueva final de Copa Libertadores.

Como un premio al esfuerzo y a la actitud por hacer lo que tienen que hacer (jugar), el equipo de Marcelo Gallardo se llevó la victoria futbolísticamente merecida. Modificó el planteo, pobló más el mediocampo que en el partido de ida y así logró mayor fluidez en el juego. Los laterales lograron ser más profundos y punzantes en ataque. Pero el Millonario no tuvo más que intentos que no prosperaron.

Es imposible omitir el papel que toma el VAR en este partido, responsable total del vuelco de 180 grados en el resultado y al que todavía le falta mucho para adaptarse al fútbol sudamericano y su forma de juego. Con su llegada se esfumó el factor humano y espontáneo que tenía el deporte para darle más injusticia. No alcanza sólo con dar lecciones y prácticas a los árbitros, debe profesionalizarse y ser transparente. Si se usa para repasar la mano de Bressan en el penal, también debería usarse con la mano de Santos Borré en el primer gol.

Gremio fue víctima de su entrenador. Renato Portaluppi planteó el partido como si jugara de visitante otra vez y se atrincheró en su área cegado por el resultado en el Monumental. No supo ver que el 1-0 no era suficiente cuando al equipo argentino le era indiferente ganar por 2-0 o 2-1. Sortear la suerte y jugar a defender puede salir muy caro. El que se encierra en un cuarto para no ser atropellado en la calle, sabe que pronto se quedará sin comida.

La injusticia quedará con River a partir de ahora, manchado durante toda la Libertadores por reclamos –la mayoría justos- de sus rivales. Racing en octavos, Independiente en cuartos y ahora Gremio en semifinal. Los de Gallardo merecieron ganar en la cancha pero lo que lo encaminó a su destino fue el VAR.

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